Leonardo pro reo

Permítanme un experimento. No es fácil desglosar conceptos jurídicos, ni tan siquiera por expertos en la materia. Y no por falta de conocimiento o vocabulario, sino por extensión, sino porque estas ideas, que parecen entes indeterminados y amorfos, se las puede ir estirando y moldeando a tantos antojos como narradores tengan. En la actualidad nos rodean miles de estas concepciones principalmente potenciadas por la prensa, los contertulianos o las redes sociales quienes parecen provistos de una disposición especial para hacer acopio de ellas.

De entre estas incontables expresiones existentes, me gustaría centrarme concretamente en tres: el in dubio pro reo, la presunción de inocencia y la prisión provisional. Este trío, que tan alegremente se emplea, es una de las bases del ordenamiento jurídico, no solamente español, sino mundial. Diferenciarlos, entenderlos y aplicarlos debe ser la base de un sistema garantista pero sin embargo, parece que dicho ejercicio no es tan fácil. Y no lo es hoy, como no lo ha sido nunca.

Volviendo al experimento prometido, y con la intención de dotar de mayor precisión a estos conceptos, voy a proceder a una explicación práctica pero no actual, sino en torno a la figura, para mi, más importante de todos los tiempos: Leonardo da Vinci. Porque sí, en la Florencia renacentista ya sobrevolaban estos conceptos, y no, tampoco se aplicaban con la rigurosidad que merecían.

Quién más quien menos ha odio hablar de Leonardo da Vinci, el mito. Pero el hombre que retrató la sonrisa perfecta, que cuadró el circulo o que feminizó a las doce figuras de la Última Cena, no fue más que eso, un hombre, y como tal, se vio envuelto en los contratiempos propios de la especie.

Christian Gálvez suele matizar que lo que hizo grande al de Vinci, no fueron sus éxitos, sino sus fracasos. Fue su sed de conocimiento, su ambición, su no darse por vencido lo que lo catapultó a los altares de la historia y no únicamente su capacidad. De ahí podemos extraer, quizá, la mayor lección de vida posible. Porque si desmitificamos al genio se queda en hombre y hombres o mujeres, somos todos. Vengo a decir que Leo no tuvo una vida fácil y la existencia de un ordenamiento jurídico mediocre, le puso las cosas aun más difíciles.

La vida del más famoso pintor de la historia da inicio en la población de Vinci, situada a unos veinticinco kilómetros de Florencia. Hijo de Sir Piero da Vinci y Caterina, esclava oriental, Leonardo dio sus primeros pasos de la mano de su padre a pesar de ser considerado hijo ilegítimo.

Desde bien pequeño la curiosidad fue el motor que impulsaba a Leonardo y que acabó desarrollándose a través de la pintura, principalmente influenciado por su abuela, Lucia di ser Piero di Zoso. No tardó Sir Piero en ver a su hijo como un futurible pintor de cierto talento por lo que presentó algunos de sus bocetos a un viejo amigo, Andrea del Verrochio. Éste no dudó en contratar al joven Leonardo para enseñarle el oficio en su multidisciplinar taller, compartido con otros ilustres nombres de la época como Sandro Boticelli, Perugino o Domenico Ghiralandaio.

Este fue un paso trascendental en la vida de Leonardo pues no soló aprendió gran cantidad de oficios, sino que propició que empezase a asistir con asiduidad a la ciudad de Florencia. Una Florencia gobernada por los Medici, una Florencia epicentro del arte a nivel mundial y una Florencia que meses más tarde lo abandonaría

En los primeros años Leonardo fue un torbellino de aprendizaje y demostraciones artísticas que propiciaron que el de Vinci empezase a generarse un nombre en la ciudad florentina, pero la alegría y el amor que profesaba hacia esa ciudad se desvanecieron el 8 de abril de 1476.

La ciudad de Florencia, bajo el mandato Medici, gozaba de ser una de las capitales mundiales tanto por su riqueza como por su valor artístico, pero, a la vez, era archiconocida por ser el núcleo de la homosexualidad, aunque se tratara de una actividad clandestina. Para intentar erradicar dichos comportamientos anticlericales, en 1432 se formó un tribunal que duró hasta 1502 conocido como Ufficiali de la Notte (Oficiales de la Noche). Este tribunal, así conocido por ser habitual que se destapasen este tipo de prácticas cuando caía el sol en la ciudad del Ponte Vecchio, estaba compuesto por seis hombres casados y, pese a que sus castigos no eran especialmente severos, el hecho de ser juzgado suponía una deshonra tal, que muchos se veían obligados a abandonar la ciudad con posterioridad.

Las denuncias a los presuntos homosexuales se realizaban de forma anónima a través de la colocación de éstas en unas urnas colocadas por toda la ciudad nombradas Agujeros de la verdad. Cuando el tribunal las recibía citaba a los acusados a una Audiencia Pública en la que se les juzgaba.

El 8 de abril de 1476 apareció en una de las urnas el nombre de Leonardo da Vinci. Se le acusaba formalmente de sodomía practicada con el joven de diecisiete años, Jacopo Saltarelli, Leo contaba en ese entonces con veinticuatro. A consecuencia de ello Leonardo fue arrestado y pasó dos meses en una prisión florentina a la espera de Juicio. El de Vinci sufrió en primera persona las consecuencias de una prisión provisional que sigue vigente en nuestros tiempos. Transcurrido ese tiempo la denuncia finalmente fue desestimada y Leo abandonó la prisión y por desgracia, su querida Florencia. Como he dicho ya, la vergüenza y el desprestigio que causaba una acusación de ésta índole era suficiente como para tener que marcharse de una ciudad que, años más tarde, le lloraría.

A Leonardo, ese periodo le resultó emocionalmente devastador. No solo tuvo que abandonar la ciudad que le vio crecer, sino que a demás se obligó a practicar el celibato hasta el día de su muerte por miedo a futuras acusaciones infundadas. Cuenta también, el cornista Giorgio Vasari, que tras “el incidente”, el de Vinci dedicó parte de su vida a comprar pájaros enjaulados para después liberarlos sintomatología evidente de quien anhela la libertad tras la clausura.

Así pues, y antes de entrar en consideraciones jurídicas, parece evidente de antemano valorar las consecuencias que una mala aplicación de la justicia, puede provocar en el investigado.

Comenzando por el in dubio pro reo, o dicho en castellano, en caso de duda a favor del reo, es importante no solo predicarlo sino también aplicarlo. Es cierto que la mayoría de las denuncias, querellas… que llegan al Juzgado suelen tener una base sólida pues, por regla general, la gente no suele inventarse perjuicios provocados hacía su persona, aunque, por desgracia, esto no siempre es así.

Hay que especificar que, en la aplicación del derecho, no se protegen conductas, sino derechos. Y uno de ellos, quizá el más importante, es la aplicación efectiva del mismo. Si el ordenamiento jurídico predica que se necesitan una serie de pruebas para enervar la presunción de inocencia y las que hemos conseguido durante la instrucción no son suficientes, porque dudamos de la culpabilidad real del investigado, la legislación nos obliga a aplicar la absolución. No llegó aquí el caso de Leo pues por suerte, y por ciertas influencias, el caso fue desestimado.

El hecho de condenar es una de las mayores responsabilidades que existen y por eso a los jueces se les debe requerir la preparación que se les exige. Jugamos con vidas, no físicamente, pero si mentalmente. A Leonardo dos meses de prisión le cambiaron la percepción de la libertad sin ningún tipo de justificación, por tanto, imagínense dos años para una persona que sabe que es inocente.

Por ello, es indispensable una buena práctica probatoria en la que se consiga decantar la balanza para ahora sí, hacer un acto de justicia. Muchos lectores podrán pensar llegados este punto que quizá podemos incurrir en una injusticia pues si no hay suficiente prueba, pese a ser culpable, hay que dejarlo libre. Y tienen razón pero, gírenlo, y si era inocente y lo hemos condenado. No solo hemos destrozado una vida, sino dos.

Muy a relación con el punto anterior está la presunción de inocencia. Dice este principio que todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. A efectos judiciales y por regla general se aplica. A efectos públicos no. Cuando decimos que se demuestre lo contrario nos referimos a la sentencia, todo lo anterior no vale. Por muy claro que parezca, por muchos indicios que haya, quien determina la culpabilidad es el fallo de la sentencia del Tribunal. A efectos judiciales, repito, es más o menos real, debate a parte con la prisión provisional, pero efectos públicos se produce un efecto diametralmente opuesto. De todos modos, traigo una buena noticia para el lector. No somos la peor generación de la historia. Quizá la más vistosa, pero no la peor. A día de hoy el noticiario nos abunda con titulares de sucesos que no dudamos en condenar desde un Smartphone o en debates de sobremesa, pero igual pasaba en Florencia. Leonardo tuvo que abandonar la ciudad. No había tabletas ni ordenadores pero el fervor popular era tal, que lo sentenciaron de todos modos.

Han pasado 500 años y seguimos igual. Desde aquí hago una suplica, reflexionad. No digo que todo se mantenga en silencio hasta la publicación de la sentencia, evidentemente el debate es necesario, pero hagámoslo sano, no sentenciemos, no juzguemos, opinemos, informémonos, demos nuestro parecer, pero no condenemos. Y no condenemos por la repercusión que tiene sobre el factor humano. Mientras miles de florentinos daban por hecho que Leonardo practicaba la sodomía él, sabiendo que no era así, tuvo que marcharse a Milán arrastrando los fantasmas de la soledad, el reproche y el miedo. Cuando juzgamos, desde el escalón en el que nos encontremos cada uno, están en juego personas, tan personas como tu y como yo y que merecen, durante el trayecto, una oportunidad.

Finalmente queda el gran tema, la prisión provisional. Ríos de tinta, horas de informativos, sesiones de debate y manifestaciones públicas. Escribo estas líneas desde Girona y pueden imaginar que “el Procés” me ha tocado de cerca. A día de hoy aún no hay sentencia y aplicaré lo anteriormente dicho pero lo que si puedo cuestionar es la prisión provisional. Esa herramienta dotada de una utilidad, es cierto, pero quizá obsoleta. Lo primero que nos encontramos cuando discernimos entorno a la prisión provisional es que entra en contradicción con la presunción de inocencia.

  • Habías dicho que hasta que no hay sentencia todos son inocentes, entonces, ¿por qué están en la cárcel?– Como abogado ya aquí me encuentro con dificultades para contestar pero respondo:
  • No, porque la prisión provisional solo se aplica cuando se sospecha que haya riesgo de fuga, reiteración delictiva o destrucción de pruebas.
  • Entonces, estás poniendo en prisión a gente que aún no ha hecho nada solo porque pueden volver a hacerlo, entonces ¿por qué no ponemos a todo el mundo en la cárcel?, todos somos potenciales delincuentes.
  • No, pero es para los que ya están investigados por la comisión de un presunto delito.
  • Pero no lo sabemos del cierto ¿no?, hasta que no se dicte la sentencia, presunción de inocencia ¿no David?
  • Si, verás…

Lo cierto es que tienen razón. La prisión provisional es un mecanismo quizá obsoleto, pero en determinados casos. Podría contrarrestar argumentando que  si dejo a un presunto asesino libre y luego vuelve a asesinar, ¿qué pasaría? El pueblo se nos echaría encima y recriminaría al Juez la conducta cometida. Por ello no se puede sacar una conclusión real, porque se trata de algo imperfecto, como nosotros, como todo. En ciertos casos funciona, en otros no. En algunos casos se acierta, en otros no. En algunos casos se hace justicia y en otros.

Por ello, si bien es cierto que la aplicación de la trilogía anteriormente desglosada resulta de imposible aplicación, pues infinitos son los casos e incalculables las interpretaciones, lo que si puedo solicitar humildemente es que se dote de mayor estudio y meditación. Porque cuando debemos aplicar estos conceptos, siempre hay una cosa común, y es que detrás hay personas y lo que merecen, igual que Leonardo, es que se vele por sus derechos tanto como por los de los demás.

Un comentario sobre “Leonardo pro reo

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s