Berta

Cuando Javier abrió el recién adquirido Mac nada más llegar a su diáfano despacho se le cayó el mundo encima. Eran las 9:31 minutos de un intrascendente, hasta el momento, 7 de abril.

Como cada mañana se había levantado con el alba y había dado un beso suave a su mujer, quien, a diferencia de él, revoloteaba unos minutos más en la cama danzando acurrucada con las sombras que formaba el reflejo de la piscina entre los hoyos de la persiana a medio abrir.

Javier veneraba esa hora pues la tranquilidad que reinaba en la ciudad al despertar le inspiraba la calma necesaria para afrontar días repletos de pugnas judiciales en los que el desorden, solía ser la tónica dominante. Desayunó en silencio y al terminar, volvió a la habitación, rebuscó entre sus corbatas hasta encontrar la Hermès de seda que Berta le regaló para su primer aniversario de bodas y se la ajustó al cuello con el tradicional nudo Windsor.

De camino al bufete, como siempre, el tráfico era espantoso. Solía fumar en ese trayecto, más siempre lo hacía con la ventana abierta. A su esposa le molestaba terriblemente el olor a rancio por lo que intentaba disimularlo de todas las formas posibles. Por desgracia, la temporada primaveral había comenzado lluviosa así que, muy a su pesar, tuvo que renunciar al vicio y condenarse a una larga espera sin entretenimiento posible. El panel táctil del vehículo marcaba las 7.11 eso significaba que aún le quedaba más de una hora para llegar al su destino, así que se relajó en el asiento, resopló y se sumergió en sus pensamientos mientras avanzaba por inercia. En seguida le vino la primera pregunta a la cabeza. Su vida había sido un constante ir y venir pero, ¿cómo había llegado hasta aquí?

Decidió estudiar derecho cuando aún era un adolescente. Sus altos dotes para la oratoria lo habían llevado a ganar más de un concurso de debate intercolegial y los profesores siempre le auguraban un futuro prometedor. Nunca habida sido el más apuesto de su grupo, sin embargo su labia le había abierto muchas puertas de manera precoz. Se matriculó en derecho en la universidad de su ciudad y se sacó la carrera posicionándose entre los mejores de su promoción.

Con ambas manos en el volante de su encerado Audi A7 sonrió sutilmente al recordar anécdotas prohibidas durante sus fiestas universitarias. A continuación pensó en Berta. ¿Cómo se conocieron?

Hacía poco que se había colegiado y gracias a su brillante currículum ya ejercía en un despacho de las afueras. Disfrutaba en ese momento de veinticinco años, salía con sus amigos todos los fines de semana y gozaba de ciertos ingresos que le permitían un ritmo de vida elevado al seguir viviendo en casa de su madre.

Una mañana de otoño le encargaron por primera vez la asistencia de una detenida. Su mentor, hombre mayor y de experiencia, supo ver el potencial del joven a quien asignó el caso para que se curtiera. Javier, no sin falta de nervios, se dirigió por primera vez a dependencias policiales a tratar un asunto que desconocía.

Llegó puntual y tras varios minutos de charla distendida con los agentes, estos le acompañaron dónde se hallaba la detenida a la espera. La joven, vestida con una camisa caqui sobradamente holgada, aguardaba con los pies encima de la misma silla en que se sentaba debido a una flexión completa de las piernas que sujetaba con ambas manos como un niño tembloroso. Era una chica joven, menuda y rubia. Su pelo corto, extremadamente liso, la envolvía en un aspecto tan angelical que solo hacía que desentonar con las acusaciones que se vertían sobre ella.

Desde el primer momento en que Javier vio a Berta se quedó hipnotizado. Un embrujo que a día de hoy aún perduraba cuando ambos coincidían en el mismo espacio. Su juventud lo armó de valentía y, tras alisarse la americana, se dirigió a ella haciendo todo lo posible por gustarle. La charla fue fluida, era una chica normal, asustada y que le juró que era inocente. Javier se prometió a si mismo que la sacaría de allí, que para eso había estudiado Derecho, para hacer frente a injusticias como esta.

El juicio no tardó en llegar y fue más mediático de lo esperado. A demás los periódicos fueron una constante fuente de titulares sensacionalistas vaticinando un posible romance entre abogado y clienta. A Javier le sobrepasó el asunto, el acoso en medios era incesante hasta el punto que algunos por la calle le reprochaban sus preferencias amorosas. Nadie creyó a Berta a excepción de él y la acabaron condenando. pero él la esperó. Sabía que era inocente, que si hubiese estado más preparado la hubiese podido salvar desde el principio y no perder todo lo que tenía. En diciembre de ese mismo año Javier fue despedido de su despacho y empezó su periplo en solitario.

Habían pasado ya veinte años desde aquello cuando el conductor de atrás le sobresaltó con el claxon anunciándole que el semáforo se había puesto en verde sabe Dios desde hace cuanto. Sintió el rugir de sus 300CV en sus piernas mientras arrancaba.

A día de hoy era un hombre nuevo, había montado su propio negocio y en el sector legal era una institución aunque su empeño por Berta nunca cedió. La visitó todos los días de su condena y, meses después de su puesta en libertad, se casaron en secreto y formaron lo que a día de hoy ambos valoraban como una familia. La prensa, por suerte, no volvió a pronunciarse sobre el affaire debido a la  inconstancia de la memoria y la vida pareció, al fin, darles la razón.

Eran las 9.22 minutos cuando finalmente aparcó en su plaza de parquin y decidió subir andando los más de 90 escalones que lo separaban de su despacho en la tercera planta. La hora y media de coche lo había dejado aturdido y le sentó bien estirar las piernas. Entró por el majestuoso pórtico de cristal, recibió el cordial saludo del secretario y le invadió ese particular olor a lavanda que proyectaban los ambientadores modernos. No había nadie más y, tras dejar el maletín en el suelo, acarició el panel táctil de su computadora haciendo que se iluminase la valiosa pantalla. Le invadieron los mails, las citas y los programas que se dejó abiertos el día anterior pero, como siempre, se tomó un tiempo para leer la prensa online. La primera línea le desmontó la vida:

“ÚLTIMA HORA: Berta C.G, mujer del prestigioso abogado Javier M.M investigada de nuevo, por un presunto asesinato de menores”

Según ha podido saber este medio, Berta, quien ya cumplió 12 años de condena por el mediático crimen de Alfaguara, esta siendo investigada tras la denuncia por la desaparición de otro menor en las inmediaciones de la misma localidad. Según informan fuentes de la Guardia Civil podrían haberse obtenido grabaciones de video en las que la presunta autora […]

El teléfono empezó a sonar.

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